La película “El nacimiento de una Nación” se mezcla entre
la realidad y la poca ficción que su director, David Griffith
quiso estampar en medio de una época de
mayores retos en materia económica para los norteamericanos.
Sin duda una historia que mueve las fibras
del nacionalismo estadounidense.
la realidad y la poca ficción que su director, David Griffith
quiso estampar en medio de una época de
mayores retos en materia económica para los norteamericanos.
Sin duda una historia que mueve las fibras
del nacionalismo estadounidense.
Para llegar a entender la película “El Nacimiento de una Nación” habría que ubicarse en el contexto norteamericano de mediados del siglo XIX. Este filme cuya duración supera las expectativas de muchos cinéfilos, relata la historia de dos familias pudientes ubicadas en la guerra de secesión o civil americana. Con muchos actores y una infinidad de extras, El Nacimiento de una Nación satura al espectador con una secuencia de imágenes en blanco y negro, características propias del cine en el primer cuarto del siglo XX. Con una técnica novedosa para la época (1915), el largometraje hace parte de una de las joyas del cine norteamericano gracias a la antigua utilización de los primeros planos, planos generales, uno que otro paneo, travelling e intentona de close up.
En cuanto a la producción, esta película significó una titánica labor para el director, David W. Griffith pues el manejo de más de 12 mil extras, centenares de caballos, ubicación de personajes, elaboración de escenografía y grabación en un tiempo record de 7 meses la pusieron en la industria del cine como una irremplazable pieza de referencia acerca de los comienzos de lo que hoy conocemos como Estados Unidos.
Sin duda registrar a la perfección los acontecimientos de la guerra civil norteamericana en los que convergen sucesos interesantes como la batalla de Gettysburg, el asesinato de Abrahán Lincoln, la abolición de la esclavitud y el nacimiento del KU KLUX KLAN merecen sus tres horas de duración. No es fácil para ningún director poner en practica un hilo conductor que amerite conquistar el esquivo público joven de hoy día. De ahí que deba confesar que en las dos primeras horas ya estaba exhausto ante la pesadez de esta historia llena de las tonalidades pálidas y oscuras que Griffith estampo en su película.
“El Nacimiento de una Nación” no es ajeno a la realidad que vive hoy la sociedad. Las desigualdades, la lucha de intereses y la ambición por el poder hacen parte de los tantos males que aquejan todavía a la denominada por muchos, como la primera potencia mundial. Cabe echar un vistazo al pasado para darse cuenta de las raíces del conflicto entre negros y blancos y la manipulación de un pueblo ignorante a través de las urnas de votación.
La guerra civil estadounidense es similar a la de muchos países en el mundo. Nace presidida de una ideología y un modelo económico que es aplicable según la época del momento. Aquí por ejemplo, la imagen de libertad e igualdad contrastan con la opresión de los sureños a los negros, quienes a pesar de ya no tener el titulo de esclavos, aún siguen en una tónica de servidumbre a los amos blancos de casa.
Los protagonistas, dos familias pudientes, enriquecen la pantalla con un cumulo de tradiciones llenas de respeto y nobleza, similares a las de la Inglaterra victoriana. Los Cameron y los Stoneman viven las inclemencias de la guerra al donar algunos de sus hijos a la causa. Otros por el contrario deben convivir en medio de un frágil modelo de tolerancia entre negros y blancos en un territorio que avanza al ritmo progresista y expansionista de sus líderes.
Griffith fue enfático en cada uno de los roles. Los negros y los blancos pocas veces se mezclaron en la cotidianidad de la cinta. Ambas razas una dominante y otra sumisa, convivían según los acostumbrados puntos de encuentro de dos culturas totalmente opuestas al color de la piel.
De hecho, la película en boca de varios críticos ha sido tildada de racista al hacer parecer a los integrantes del KU KLUX KLAN como una cuadrilla de súper héroes que van al rescate de una indefensa mujer blanca quien es interpretada por Lillian Gish como Elsie Stoneman, hija del flamante diputado anexionista Austin Stoneman.
Elsie es secuestrada por el gobernador mulato, Lilas Lynch quien con un amor desesperado y enfermizo contradice las intensiones del que en otrora, patrocino su llegada al poder.
Austin acongojado y sorprendido por la actitud de su protegido, opta por apoyar a los encapuchados del KU KLUX CLAN desencadenando un enfrentamiento sin sentido en donde los negros, interpretados por actores blancos, más parecen un grupo de primates con armas que marchan en medio de la nada ideológica que unos pocos, con deseo de igualdad, se inventaron.
Lo que destaco…
Sin duda es de admirar la forma en que fueron recreadas las escenas de la muerte de Lincoln y la batalla de Gettysburg. En ambas tomas, Griffith convierte a su película en una verdadera maquina del tiempo que ubica al público en dos momentos bastante primordiales para los norteamericanos. Puede que no conozca la importancia de la batalla de Gettysburg en el contexto de la guerra civil estadounidense, sin embargo la recreación de esta escena, tuvo una fiel demostración de la historia al estar llena de extras, caballos, actores excelentemente uniformados y secuencias en imagen de una guerra que, como lo indican algunos libros, fue la primera en fotografiarse.
Además no hay que olvidar la interesante recreación del asesinato de Abraham Lincoln. El actor que interpretó a este ex presidente, enfocó su mirada hacia un mandatario preocupado por la unión de un país y decisivo en cada una de las acciones que conllevaran a la resolución de este conflicto.
Es interesante observar el recurso que utiliza Griffith en un primer plano y un acercamiento al encerrar la acción en un punto especifico de la pantalla. Si bien es cierto hoy día el avance tecnológico ayuda a interpretar fácilmente las intenciones del director con cierta toma, en “El nacimiento de una nación” éstas quedan al descubierto al oscurecerse los extremos de la escena en donde se juega con unos tímidos y primitivos acercamientos de cámara. La situación hace alusión a aquella metáfora del cruce del túnel entre la vida y la muerte.
En conclusión, The Birth of a Nation o “El Nacimiento de una Nación” es una película que atrae a quienes quieran ahondar en las raíces del cine y deseen conocer a través del séptimo arte un ciclo de tiempo de los Estados Unidos. Es un buen referente histórico para tener en cuenta. Ármese de paciencia al momento de verla, pues atender una historia bicolor de tres horas es una labor de la que muchos desertan durante los primeros diez minutos de duración. De mi parte, una última recomendación: disfrute de este filme no en medio de la soledad sino de una adecuada compañía para conversar y debatir al momento en el que el cuerpo y la mente exijan la pausa que necesitan.






